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 [Historia] Amanda. Vida en sangre.

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Lara_Marye
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MensajeTema: [Historia] Amanda. Vida en sangre.   Dom Mayo 25, 2008 3:23 pm

Weno. Esta historia la escribi hace poco, aun no la tengo acabada. Me inspire en Crepusculo y Besos de Sangre, por lo que supondreis que es una historia de vampiros. No penseis que es lo mismo. La chica se enamora del vampiro bueno que la intenta salvar siempre y ayudarla. En esta historia todo esta en contra de nuestra protagonista, Amanda, y se suceden numerosos sucesos tristes y desagradables. Pocas veces ve billar el sol en ese mar de turbulencias...bueno sera mejor que lo leais por que me estoy llendo un poco por las ramas. Espero que os guste.

Prefacio.
Que irónico se me hace ahora pensar que el comienzo de mi historia y el final serán en el mismo lugar. Se me hacia tan lejano y oscuro ese momento, tan lejano se me hacían ya esos tiempos. Tan lejanos.
Mil ángeles de piedra me observaban desde todos los ángulos, aunque sus rostros en la noche eran terroríficos, ni siquiera me percate de ellos. Estaba mas ocupada en preparar mi mente y repetirme una y otra vez que lo que estaba a punto de suceder era por el bien de mi nueva familia.
Oí el crujir de una rama y removerse las hojas. Un escalofrió me recorrió y me agarre aun más fuerte al frió mármol. Mire al reloj, aún no eran las doce y por ese instante estaba a salvo.
Saque de mi bolso la carta y volví a releer las líneas garabateadas que ya me sabia de memoria.
Me tumbe sobre el mármol y agarre la carta, fuertemente, contra mi pecho. Cerré los ojos. Y por primera vez en mucho tiempo dormí tranquila.

Capitulo 1: Funeral.

Era como un gran teatro. Un gran teatro lleno de marionetas todas vestidas de negro. Un teatro, sí, pero un teatro triste. Nadie reía y uno o dos lloraban. Las lagrimas se resbalaban por sus narices y mejillas y caían a la verde hierba recién cortada.
Yo los observaba bajo un árbol, un sauce, y sus hojas caídas me tapaban de la mirada y la vista de los presentes.
Sabia que yo también debería estar llorando y acompaña a mi padre en su dolor, pero en cambio no había soltado ni una lagrima ni una y había olvidado a mi padre por completo.
Observe a todas aquellas personas que ni conocía, se acercaban a mi padre y le saludaban. Le decían palabras que no conseguía oír.
Comenzó a llover y un mar de paraguas oscuros se abrió paso hacia el hoyo vació. Ni me moví. Me mantuve bajo el árbol a salvo de miradas tristes, ojos llorosos y maquillaje corrido.
El sacerdote comenzó con su oratorio y solo alcance a oír palabras sueltas, solo una palabra la escuche con claridad, el nombre de mi madre, Ana.
Todo el mundo había querido a mi madre. En el pequeño pueblo en el que vivíamos, todo el mundo la conocía y a todos había ayudado. Su trabajo como enfermera en el hospital era su pasión. No había nada que la sacara del trabajo cuando se encontraba concentrada en su pequeña biblioteca llena de libros. Ni siquiera yo.
No, no estaba molesta con ella por no hacerme caso. Tampoco había deseado que muriera, ni mucho menos. Mi madre, bajo esa mascara de ayuda y caridad, se encontraba una vida de angustia y dolor. Yo sabia, aunque nadie, ni mi madre ni mi padre, me lo hubiera dicho, que Ana no quería a mi padre. Lo había sabido desde siempre. Al ver a todos aquellos padres o parejas que se daban la mano, se besaban y se miraban como amor, jamás haba podido creer esa fachada de respeto lejano que su padre y su madre tenían. Cuando mi padre miraba a Ana, en sus ojos si brillaba una chispa de amor y deseo hacia ella. Pero mi madre, le miraba como a una persona a la que se tiene cariño, al igual que a ella.
Al principio, yo, había creído que no me quería, pero poco a poco me fui dando cuenta de que lo que ocurría es que la parte de mi madre que contenía todo el amor para darlo, esta parte pertenecía a otra persona.
Me levante del suelo y me acerque al grupo de personas que escuchaban al sacerdote, pero evitando que me vieran.
Conocía a algunas, pero a casi la mitad de las personas no-tenia ni idea de quien eran. Estaba mi tía Margarita y su marido, mi tío José y su mujer- una mujer realmente delgaducha con la cara siempre colorada y la nariz picuda- y mi abuela. No podía creer lo que veía, mi abuela no podía estar allí. Era imposible, mi madre y ella nunca-desde que ella había nacido e incluso antes- se habían hablado. Estaban enfadadas por algo que mi madre había hecho de joven. Siempre que la había visto torcía el gesto o daba media vuelta. Pero ahora estaba allí, llorando a mares. Sus ojos azules- los que yo había heredado- estaban realmente colorados. Mi abuela murmuró entre dientes el padre nuestro.
Volví a pasear mi mirada entre las personas que formaban aquel teatro. Me pose en una joven. Nunca la había visto por el pueblo, la hubiera recordado. Tenia una piel más blanca que la nieve y unos ojos tristes y dorados. Era esbelta y guapa. Sus largas piernas se dejaban ver al final de su corto traje de luto. Por debajo de la toquilla, caía en cascada un cabello color ébano y medio rizado. Era la persona más bella que había visto.
Siempre me habían dicho que yo era muy guapa, que tendría a todo aquel que quisiera. Siempre me lo había creído. Pero en ese momento sentí celos y mire a aquella joven con envidia. Entonces como un resorte giro su cabeza a donde yo estaba y me atravesó con sus bonitos ojos dorados. Al mirarla todos aquellos celos se evaporaron al ver sus ojos llenos de tristeza. Agache la cabeza avergonzada y mire hacia otro lado. Mi abuela también había visto a la bella joven. Pero mi abuela no la miraba como yo, con envidia, sino con odio y rencor reprimido. Jamás había visto a mi abuela mirar a alguien así.
Mi abuela y la joven mantenían una lucha de miradas. Mi abuela la miraba con tal rabia que si las miradas matasen aquella joven estaría mas que muerta. Y ella la miraba con tristeza y con perdón. Mi abuela miró al frente cuando comenzaron a bajar el ataúd.
Como si me hubiesen golpeado a mí, corrí hacia el hoyo cuando la primera palada de arena golpeó el ataúd. Todo el mundo me miraba, pero no me importo. Me arrodille ante el hoyo y llore desconsoladamente.
Note como alguien se acercaba a mí. Mi padre me abrazó con fuerza y me acerco hacia sí. Seguí llorando hasta que deje empapada la chaqueta de mi padre.


La gente se fue dispersando y vaciaron el campo. Los coches negros comenzaron a dejar huecos en la calzada del cementerio y solo algunos rezagados se quedaban y hablaban con los familiares. Uno de ellos era la joven del cabello de ébano. Observaba el horizonte con sus ojos dorados. Comenzó a caminar hacia mi abuela. Cuando caminaba parecía que flotaba al ras del suelo, se movía con elegancia y sencillez, pero parecía cargar algo en los hombros. Una carga invisible que se reflejaba también en sus ojos.
Escape del lado de mi padre, que hablaba con mi tía, y me escondí tras el sauce donde podía ver y escuchar a las dos mujeres.
La joven se acercó a mi abuela cuando una pareja ya adulta se fue hacia su Renault gris.
-Marta, yo lo siento mucho. Era tan joven- dijo la chica.
-No sé que estas haciendo aquí Clare.-respondió mi abuela con odio. Escupiendo cada palabra y atravesándola con la mirada.- Te dijimos que os mantuvierais apartados. Ya no os necesitaba y menos ahora.
-Marta, por favor, nosotros la queríamos. Era muy especial sobre todo para...
-¡Y donde esta entonces!¿Por qué no da la cara ese monstruo?. Largaos y dejad a la familia de mi hija en paz y dejad a Ana descansar en paz.- el tono de la voz de mi abuela sé elevo.-Largaos para siempre, no debéis ni de existir. Habéis hecho sufrir a mi hija tanto. Os pudriréis en el infierno Clare. Todos.
Clare bajo la mirada. Una sombra de tristeza cruzó su semblante y sus ojos. En ese momento sentí vergüenza de mi abuela. ¿Cómo podía decir eso a alguien?¿Era injusto, esa pobre chica era demasiado joven para haber conocido a mi madre lo suficiente para hacerla tanto daño?
Clare elevo la cara y le dio un objeto a mi abuela.
-No podía venir a ver como enterraban a Ana, la quería y la quiere demasiado. Sabes que se separo de ella, no para hacerla daño, sino para que pudiera ser feliz y que tuviera una vida plena. Jamás queríamos que Ana sufriera. Por favor, Marta, entiérralo con ella.
Mi abuela abrió la palma y observo con tristeza el objeto brillante que reposaba en ella. Una lagrima corrió por su mejilla y callo sobre el objeto.
-Lo haré.-dijo solemnemente.
-Gracias Marta.
Clare dio media vuelta y camino hacia un porche negro brillante. Subió en él y volvió a mirar a Marta. En su mejilla brillo una lagrima.
Cuando el porche se perdió por el horizonte mi abuela tiro el anillo al suelo. No sé si debí hacer eso, quizás había sido mala idea, pero cuando mi abuela se perdió por entre la gente corrí hacia el lugar donde había estado y cogí el objeto brillante.
Era un anillo de oro, con un brillante bien cortado y pulido. Era sencillo pero más bonito que otros anillos más ostentosos. Gire el anillo y mire el interior. Una frase rezaba en letra clara y fina. “Te querré para todo la eternidad. Nathan”
Lo guarde.
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Courtney L. Cläree
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MensajeTema: Re: [Historia] Amanda. Vida en sangre.   Dom Mayo 25, 2008 6:28 pm

Me gusta, la historia parece bastante interesante.
El defecto que le veo es que a veces repites mucho las palabras, por ejemplo:
-Se me hacia tan lejano y oscuro ese momento, tan lejano se me hacían ya esos tiempos. Tan lejanos.
-Era como un gran teatro. Un gran teatro lleno de marionetas todas vestidas de negro. Un teatro, sí, pero un teatro triste.
Por eso se hace un poco pesado de leer. Pero bastante bien, me gustaría que la siguieses.

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MensajeTema: Re: [Historia] Amanda. Vida en sangre.   Dom Mayo 25, 2008 6:34 pm

Gracias Courtney, la verdad es que me gusta la repeticion de palabras por que le da un ritmo mas lento. Intenta leer esas partes como si se separaran por una leve respiracion, no se hara tan pesado Smile
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MensajeTema: Re: [Historia] Amanda. Vida en sangre.   Dom Mayo 25, 2008 6:36 pm

Capitulo 2: Diez años despues.

Sentí como la sangre salía de mi nariz y mis palmas palpitaban. El suelo estaba frió y el vaho de mi respiración ascendía al contacto de frió con calor.
Unas manos me agarraron de los hombros y de la cintura y me elevaron. No abrí los ojos. ¿Por qué tendría que haber aceptado jugar a este juego tan idiota?.
-¿ Estas bien, Amy?- pregunto una voz muy dulce para mis oídos.
Sonreí en mi fuero interno al adivinar lo que pensarían todas mis compañeras de que Marcos estuviera tan cerca de mí. Sujetándome. Decidí aprovecharme de la situación.
-Uhmm,... no me encuentro muy bien.- era muy buena actriz, así que no era muy difícil convencerlo de que estaba muy mal.- ¿Podrías llevarme a la enfermería por favor?- susurre con voz queda. Esto iba a ser fácil.
-Claro, no te preocupes.
Note como Marcos me elevaba y me acomode en su pecho. Entreabrí los ojos un poco y vi a todas las chicas de mi clase mirándome con envidia. Todas menos Clara que me sonreía abiertamente. Era la única que nunca se creía mis juececitos de chica desvaída. La guiñe un ojo, casi imperceptiblemente, y ella sonrió aun más.
Marcos me llevo hasta la enfermería, donde la enfermera le ordeno que me dejara en una camilla.
-¿Qué te ha pasado, niña?- me preguntó la vieja enfermera.
-Me di un golpe jugando a baloncesto- tosí un poco para darle mayor énfasis a mi teatro.
-Quédate con ella aquí, voy a ir a por un Paracetamol.- le dijo a Marcos.
“¡¡¡Bien!!!”, chillo mi voz interior.
Oí como la enfermera salía y Marcos se acomodó a mi lado. Abrí los ojos poco a poco. Me miraba con sus ojos color chocolate y me sonrió.
-Eres muy buena actriz- me dijo con una sonrisa de oreja a oreja.
-Gracias- no podía creer que no se lo hubiera creído.- Me lo dicen mucho.
Me acaricio la mejilla con dulzura y acerco más su cara a la mía. Sabia que no había mucho tiempo, por lo que me acerque yo también mas a él.
-A sido una caída muy practica. Si no te hubieses caído ahora no podía estar aquí contigo.- sonrío más y puso su frente sobre la mía. Notaba su aliento en mi boca. Marcos solo necesitaba un pequeño empujoncito.
-¿Y te vas a quedar solamente así?
Me acerque mas a él y le besé. Él me agarro de la cintura y yo enredé mis manos en su cabello caoba.
Oímos un ronqueo y nos separamos. La enfermera nos miraba con cara de enfado. Marcos se levanto corriendo y se separo lo mas que pudo. Yo me senté en la camilla y la enfermera me ofreció un vaso de agua y la pastilla.
Me la trague entera.
-Marcos, ayúdala a caminar ya puedes volver a clase. Pero antes que se limpie la cara de sangre. Y preguntare al profesor Fernando si habéis vuelto.
Marcos asintió y paso una mano por mi cintura.
Fuimos a la fuente del patio y me quite la sangre reseca de la cara. Se me había olvidado de golpe la hemorragia y tenia toda la boca y la nariz llena de sangre.
-Menuda enfermera.- dije yo molesta.-Podría haberme taponado, al menos, la nariz.
Acabe de quitarme todo la sangre y me gire. Marcos me volvió a coger de la cintura y yo puse mis manos por detrás de su cuello.
-Hubiese tardado demasiado y yo no podía esperar.- me dijo.
Puso su barbilla sobre mi hombro y nos abrazamos más fuerte aún. Podía pensar en la cara de mis compañeras, envidiosas, que me verían llegar de la mano de Marcos. Sonreí. Lo que más me gustaba era hacer rabiar a Tatiana, era mi mayor meta. Por ahora iba ganando.


-¿Quieres contármelo de una vez?- me pregunto Clara al volver del instituto. Estaba de los nervios porque aun no le había contado que había ocurrido en la enfermería.
-¿El que?- pregunte yo. Intente reprimir una sonrisa al ver la desesperación de mi amiga. Solo lo intente.
-Té estas riendo de mí. Bueno, muy bien. Si no me lo quieres contar- dijo ella condesciende. Se acomodo en el asiento del coche.- Ya querrás contármelo y yo no querré escucharlo.
-Eso si que no me lo creo.- dije yo riéndome.
-Por favor, por favor. Cuéntamelo.- me dijo. Junto las manos como si fuera a rezar.
Suspire a la vez que sonreía y aparque en el garaje. Apague el motor del coche.
-No hay mucho que contar.- puse mis brazos detrás de la cabeza.- Me bese con él en la enfermería y luego en el patio. Lo demás ya lo sabes. Me acompaño hasta clase de gimnasia y...
Clara chillo. Para estas cosas era muy peliculera.
-Vistes la cara de Tatiana. Casi se cae al suelo cuando te vio aparecer. Como una princesa.- lo malo de Clara es que gesticulaba mucho con las manos. Debía apartarme, pues muchas veces me había pegado un buen golpe.- Que bien, Amy. Que morro tienes. Ni más ni menos que con Marcos. Pones el listón muy alto.
Las dos nos reímos y subimos a mi casa. Era viernes, es decir, sesión matinal de películas. La primera una de risa para comenzar con los ánimos bien altos. Segunda una de amor, para soltar lagrimas a tutiplé, y por ultimo una de terror para acabar la noche abrazadas y gritando.
-¿Qué películas vamos a ver hoy, Clara?- pregunte yo mientras colocaba las palomitas y las chucherías. Clara trajo la manta mas larga y grande que tenia.
-Pues... - saco de su mochila las tres carátulas y me las fue enseñando mientras me las nombraba- Un funeral de muerte, Seda y Rise, bebedora de sangre.
No me desagradó ninguna de las películas, por lo que puse la primera y me senté con Clara ha verla.

Me despedí de Clara y la vi como se montaba en el coche. Su madre también me saludó. Desde que mi madre había muerto la señora González había sido mi madre postiza. Cuando Ana murió, Elena se porto incluso mejor que ella. Me había llevado a lugares que nunca hubiese podido visitar de la mano de mi madre. Me llevo por primera vez al Zoo, al parque de atracciones y al cine.
Me apunto a clases de ballet con Clara y me llevo a mil y un lugares. A cenar, a merendar, me compro juguetes y la ropa que yo quería.
Mientras tanto mi padre se encerró en su mundo. En el despacho-biblioteca de mama. Yo ya no existía para él, era solo una sombra que se encontraba viviendo en su casa, comía con él y le hablaba algunas veces.
Al principio siempre estaba triste y me enfadaba conmigo misma por no poder hacer sonreír a mi padre y muchas veces me dormía con mi cara bañada en lagrimas. Pero de eso ya hacia casi nueve años.
Entre de nuevo en casa cuando él frío viento se fue haciendo más notable. No había nada bueno en la nevera, yo era la que hacia la comida y la compraba. Mañana tendría que volver al supermercado.
Cogí una pizza congelada y la puse a calentar en el microondas. Subí y cogí de mi mochila el libro de historia y un cuaderno para comenzar con mi trabajo. Mientras comía la pizza garabateé dibujos en los bordes del cuaderno. Tenia tan poca concentración que ni siquiera podía escribir una palabra. Cuando acabé la pizza deje todo encima de la mesa y volví al salón donde aún había restos de palomitas y ositos de chucheria. Aparte las sobras y encendí la tele. No habíamos acabado de ver la ultima película, la de Rise. Lucy Liu era una vampiresa porfiaría que bebía la sangre de los menos afortunados. No me entere muy bien de la trama de la película, solo veía sangre por todos lados. Apagué la tele y todo se quedo a oscuras. Me arrepentí de haberlo hacho.
Entonces saque de debajo de las mantas el anillo de Clare y como siempre había ocurrido desde que lo había cogido me invadió una sensación de bienestar. El diamante se encendió a modo de linterna librándome a mi paso de sombras y oscuridad. Nunca había contado a nadie el secreto de mi anillo. Nadie me hubiese creído y me hubieran tomado por loca, el anillo—por alguna extraña razón—no funcionaba delante de las personas. El anillo solo me protegía a mí cuando yo estaba sola. Solo a mí.
Subía ha mi habitación cuando de pronto, el anillo, se apago. Oí como se abría la puerta principal de la casa, el bienestar que me había invadido antes desapareció como la luz de mi anillo. Se me hizo un nudo en la garganta y me quede paralizada, pegada a la barandilla de la escalera.
La luz se encendió y cogí aire sonoramente. Mi padre me miraba extrañado, debía de estar totalmente lívida.
-Hola, papa-jadeé. No podía ni hablar. El terror que había pasado debía de estar aun en mi cara.- No sabia que llegarías tan pronto hoy.
-Amanda, ven a mi despacho tengo que hablar contigo.- se giro y atravesó el pasillo. Le seguí. Abrió la puerta y me invito a entrar con la mano.
Hacia muchísimo tiempo ya desde que había estado en esa biblioteca. Mi madre me la había enseñado, y me había tocado el piano blanco que descansaba en la pared del fondo. Ana y yo nos habíamos sentado en el banco y ella me había tocado una canción preciosa. Fue el único momento en el que creí que mi madre me quería.
Me senté en un sillón de cuero negro, mientras mi padre paseaba de un lado a otro. Siempre que hacia eso, es que me tenia que contar una cosa importante, buena para él y siempre dura para mí.
-Papa, tengo sueño. Me puedes decir que quieres.- mi tono sonó más hostil de lo que pretendía.
Se paro en seco y me miro. Cogió aire y comenzó a hablar.
-Amanda, dentro de poco será tu cumpleaños. Ya tendrás dieciocho años y querrás seguir estudiando, ¿no?- asentí. Aunque no pareciera cierto odiaba a todas aquellas chicas que se creen guapas y no tienen ni un poco de inteligencia.- Bien, ya tendrás pensado lo que quieres hacer y que quieres estudiar. Estaba hablando con un compañero del trabajo sobre tus estudios y tu futuro.- eso era estupendo mi padre hablaba de mi futuro con gente que ni conocía.- Tiene unos contactos en Londres y te han admitido en Goldsmiths Collage.
El color de mi cara desapareció de pronto. Lo único que se me ocurrió fue ponerme a chillar y a gritar.
-¡¿Qué?! ¿A Londres?. Yo no quiero ir a Goldsmiths. Papa tengo amigos aquí, yo quiero estudiar aquí en España. No me puedes enviar a Londres, no voy a ir.
-Amanda, iras quieras o no
-Ya seré mayor de edad.- era la única defensa que se me ocurrió.
-Muy bien. Si no quieres ir a Londres yo no pienso cuidarte, Amanda. Si eres mayor para decidir algunas cosas también lo eres para cuidar de ti misma. Tienes hasta mañana para decidirte.
Me levante del sofá, con la cara llena de lagrimas y con los puños apretados a los lados. Mire a mi padre con todo el odio que pude. Él aguantó mi mirada sin inmutarse. Las lagrimas se peleaban en mis ojos por salir. Le di la espalda y subí corriendo las escaleras. Cuando estaba arriba me llamó.
-Y Amanda.- le mire desde arriba. Su rostro era una mascara impasible.- Este año no quiero fiestas.
Se perdió entre la oscuridad del pasillo.
Entre en mi habitación dando un portazo y me tire a la cama. Llore y llore hasta que sentí sed, pero no me levante de donde estaba me quede allí, tumbada viendo como mi vida se desvanecía por completo.
Unos instantes antes había tenido todo lo que quería a Clara, Marcos, Elena, una hogar, una vida feliz y plena. Ahora en cuestión de segundos me habían cambiado todo. Tendría que dejar a todos ellos y viajara a un país extraño para mí, sin sol, sin amigos, sin mi amado calor y mis playas.
Esta vez ni siquiera el anillo podía tranquilizarme. Ya no lloraba, ya no podía. Me di la vuelta y mire al techo. Odie a mi padre con todas mis ganas, le odie por todo. Por olvidarse de mí, por no haber querido a mi madre lo suficiente, por no quererme, por hacerme sufrir,...
Cogí mi Ipod y puse la música lo mas alto posible. Solo oía el rasgar de la guitarra el golpeteo de la batería, cerré los ojos con fuerza y los puños. Poco a poco el cansancio me venció.
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MensajeTema: Re: [Historia] Amanda. Vida en sangre.   Dom Mayo 25, 2008 6:58 pm

muy bonita!1 es muy interesante y tampoco me recuerda a crepusculo ^^

el consejo de courtney es muy bueno
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MensajeTema: Re: [Historia] Amanda. Vida en sangre.   Dom Mayo 25, 2008 7:11 pm

Gracias, podeis quejaros todo lo que querais, ya que me ayudaran a escribir mejor. Aqui esta el tercer capitulo.

Capitulo 3: Londres

La semana siguiente paso como nubarrones negros después de una tormenta. Clara y Marcos intentaban animarme todo lo que podían, --incluso llego un día que Clara me hizo el trabajo de historia—pero yo ya no podía animarme.
Cuando salía del colegio llevaba a Clara a su casa con mi coche—lo único bueno que había hecho mi padre desde que Ana murió—y daba vueltas por la ciudad una y otra vez.
Lo bueno –o lo malo en mi caso—de cumplir la mayoría de edad en Junio es que yo podía celebrar dos cosas, las notas y mi cumpleaños, pero en esta vez no abría fiesta, ni regalos.
Todos los días miraba los malditos billetes de avión, esperando que por algún milagro la fecha desapareciera y fuera mas tarde mi viaje. Pero nunca pasaba.
Comencé a empaquetar mis cosas el día de antes. Mi ropa, mis álbumes de fotos—mi hobby era ser fotógrafa--, mi Ipod, mis libros y por ultimo mi diario. Mas tarde en un neceser metí mis peines, la plancha de mi pelo, los cepillos, una toalla con mis iniciales bordadas y un montón de accesorios para el pelo.
Deje mi maleta a los pies de mi cama y baje al piso inferior. Camine a oscuras por el largo pasillo mientras mi lagrimas caían a borbotones por mi cara. El anillo volvió a iluminarse y cerré los ojos para poder disfrutar de esa oscuridad a la que debería acostumbrarme.
Al pasar por el despacho de mi padre hoy la puerta abrirse. Mire a mi padre que se encontraba en el umbral observándome con gesto hosco.
Seguí caminando hasta llegar a la puerta principal. Salí afuera. Necesitaba aire limpio y librarme de todas las tensiones que me oprimía el pecho fuertemente.
Oteé el horizonte, esperando que alguna luz incandescente me alumbrara el camino que debía seguir, que me sacara de este mar oscuro en el que cada vez me ahogaba más y más.
Como un arco iris en un día de tormenta se abrió paso una luz cegadora en mi mente. Una idea hizo que me levantara de la escalera en la que me había sentado y me dirigiera hacia mi coche. Tenia que ver a mi abuela.

Marta vivía en un pequeño barrio lleno de casa viejas apiladas unas contra otras sin orden lógico e inconexo. Aparque en el primer sitio que encontré y me encamine a la casa de mi abuela.
Las escaleras estaban llenas de fango y la barandilla, blanca en un principio, estaba llena de manchas negras y rojas. Evite tocar algo y seguí subiendo hasta el cuarto piso.
Me encontré de frente con unos ojos azules como los míos.
-Hola, abuela- salude sonriente.
Se acerco y me abrazo. Desde que mi madre había muerto, yo había sido su único apoyo moral para evitar que se derrumbara. Era algo así como su bastón.
La casa de mi abuela estaba muy limpia, tenia todo muy bien colocado y decorado. Mi abuelo había sido arquitecto y delineante, por lo que mi abuela había aprendido a ocupar bien todos los lugares.
Me senté en una vieja butaca de mimbre, era mi silla favorita desde niña, siempre que visitaba a mi abuela me sentaba allí.
La abuela Marta tenia un sexto sentido para las cosas que uno quería callar o que le atormentaban demasiado.
-¿Qué te ocurre, hija?- me pregunto mientras me traía una horchata fresquita. Se lo agradecí con una sonrisa.
-Abuela, veras, ya me he graduado.- ella asintió, ya lo sabia. La había estado dando la tabarra con ello todos los días que venia- Bien, pues... yo quiero seguir estudiando y mi padre me ha encontrado una plaza en una universidad de prestigio...
-¿Eso es malo?
-...en Londres
Como si la hubieran golpeado con algo, mi abuela se puso completamente blanca. Lo disimulo rápidamente con una sonrisa, pero un brillo extraño siguió poblando sus ojos.
-Eso es genial, Amanda.
-Pero yo no quiero ir abuela.
-¿Se lo has dicho a tu padre?- asentí con la cabeza mientras bebía un largo sorbo de horchata.- Y te ha dicho que debes ir.
-Sí
-¿Cuándo te vas, mi niña?
No sabia si responderle. ¿Le dolería que no se lo hubiera dicho antes? Después de todo yo no quería ir, me obligaban. Pero yo lo sabia desde antes. Bebí mas horchata.
-Mañana.
Marta arrugó el ceño y mil arrugas surcaron su frente.
-Entonces no hay nada que hacer, Amanda.- dijo tristemente. Por alguna razón no le gustaba Londres.
-Lo se.-dijo condecentemente. Esta vez que me lo creí. No había salida, debía ir y afrontar los hechos.
Mi abuela se acerco y me abrazo. No llore. Ya no tenia lagrimas que soltar, había llorado demasiado estos días anteriores.
Me despedí de mi abuela. No sabia cuando la volvería a ver y me encamine a mi coche. Llegué a mi casa cuando una tormenta comenzaba a avecinarse. Subí a mi habitación dispuesta a hacer frente a mi nueva vida en Londres. Me quite el anillo de mi dedo y lo apreté fuertemente en mi palma. Como una anestesia, una onda de calor atravesó mi cuerpo, desde mis pies a mi cabeza. Me caí de espaldas a mi cama y me quedo totalmente dormida.

Un fuerte dolor de cabeza me atravesaba la cabeza desde que había montado en el avión. Me apreté la sien dibujando círculos, pero el dolor no remitió. Mire por la ventana el triste paisaje. La gente caminaba con prisa, vestía tristes colores y se tapaban con negros paraguas. Ni una brizna de sol se dejaba ver entre las nubes grises. Aparte la vista de la calle y me acomode en el asiento del autobús. Saque el mapa de la mochila y mire cuantas paradas me quedaban para llegar a Goldsmiths. La gente chillaba y reían atravesándome con cada sonido. Menos mal que a la siguiente parada se bajaron dos parejas con sus hijos.
Era difícil de creer, pero cuando llegué al Goldsmiths, me quede con la boca abierta. Era precioso. La entrada estaba formada por una rotonda llena de flores y plantas, y el asfalto estaba completamente cuidado, no había ni grietas ni manchas. Por aquí deben de entrar los coches, pensé. La fachada principal estaba totalmente cubierta de enredaderas, dejando un hueco sin crecer, perteneciente a la ventana.
El autobús me dejo a tres pasos del Goldsmiths. Me encamine a la blanca puerta principal. El pequeño parking exterior estaba completamente vació, excepto por un viejo SEAT marrón.
La puerta estaba abierta, pero pesaba demasiado y no la pude abrir con la mano. Guarde mi mapa y empuje con el hombro. La puerta se abrió bruscamente empujándome hacia dentro. Me caí raspándome las palmas.
-Vaya mierda- murmure. Me sople en las palmas para aliviar el escozor.
Una risa burlona sonó cerca de mí. Vi a una joven de cabello pelirrojo que iba totalmente de negro. Se acerco a mí todavía riéndose y me tendió la mano.
-Hola, me llamo Helen.
-Amanda- no le cogí la mano y me levante yo sola. Era demasiado orgullosa.
Helen encogió la mano, pero no parecía molesta.
-Te estaba esperando.- me sorprendí al oír eso.- Bueno mas bien mi padre, el decano.- corrió a responder al ver mi expresión.
- Ah.- no supe que responder.
Helen comenzó a andar sin decir nada y yo la seguí. Intente recordar el mapa de la universidad. Según este se podía acceder al segundo piso por una escalera circular cercana a la entrada. Helen me quería llevar por el camino más largo para que supiera como era la universidad, supuse. Yo lo había hecho varias veces para enseñar el instituto a las chicas nuevas.
Subimos por una escalera y Helen se paro ante una puerta de madera que destacaba con las demás, ya que estas eran de aluminio. El nombre del decano aparecía escrito en una pequeña tablita de madera pegada en el cristal.
Helen me abrió la puerta y l mantuvo abierta hasta que entré.
El decano Darwing era un hombre de unos cuarenta y pico años, con unas grandes entradas en la frente y unas gafas de montura marrón. Miraba por un gran ventanal que formaba la pared exterior. Desde allí se veía el campo de fútbol y el edificio de la cafetería. Las demás paredes estaban forradas de estanterías con libros y esculturas. Una gran mesa de madera ocupaba todo el centro de la habitación y tres sillones (dos delante y uno detrás) la rodeaban.
-Hola papa, ya ha llegado la nueva.- dijo Helen adelantándose y sentándose en un sillón de cuero negro. Me recordó al sillón del despacho de mi padre y la tristeza volvió a mi rostro, pero me recompuse lo más rápido posible.
El decano se giro y me observo por encima de sus gafas. Sonrió al verme y se acerco a mí. Me tendió la mano como su hija.
-Encantado de que hayas venido, Amanda.- le estreche la mano. ¿Solo me había hecho venir para saludarme?- Bueno creo que mi hija ya te abra enseñado un poco esto.- asentí- Muy bien, entonces te daré todo lo demás.
Se acerco a la mesa y saco varios objetos de un cajón. Me acerque a la mesa junto a Helen.
-Toma, estas son las llaves de tu cuarto, tu plaza de parking y el dinero que nos mando tu padre. Lo puedes meter en el banco de la universidad. Suele ser lo más cómodo.- el decano me dio todas mis cosas y me las guarde en la mochila.- Entonces ya esta todo, Amanda. Espero que te lo pases bien en Londres.
-Disculpe, señor Darwing, yo no he traído el coche.-le conté. No me iba a comprar uno nuevo
-Lo sé, mañana lo tendrás aquí. Lo que me recuerda que tienes las llaves dentro del monedero del dinero.
Me despedí con la cabeza y salí seguida de Helen.
Caminamos por los pasillos hasta llegar a la puerta principal. Cuando iba a ir a coger el autobús, Helen me lo impidió.
-¿A donde vas?- me pregunto tirándome de la camiseta.
-A mi casa.
-Dirás a nuestra casa. Soy tu compañera de piso.- sonrió ampliamente al decir esto.- Y como tal te llevare yo.
-Oh,... bien- no sabia que responder.
Me monte en su coche y comenzó a conducir. No estaba acostumbrada a la conducción por la izquierda, así que intente no mirar mucho a la carretera.
No hablamos en todo el viaje y yo sentí que nos estrellábamos en varias ocasiones. Debía de estar blanca.
Llegamos a los pisos impuestos por la universidad. Era un edificio totalmente blanco de unos siete pisos. En cada piso debían de estar por lo menos unos seis pisos. Era terriblemente ancho.
Helen aparco rápidamente y salió corriendo del coche. Casi saltaba de contenta. Me tome mi tiempo para subir los cuatro pisos y cuando llegué, Helen me esperaba impaciente en la puerta.
El piso era normal. Estaba pintado de un azul claro y contaba con una cocina, un pequeño salón, un baño y una habitación. En el salón había un sofá largo y una televisión de plasma. También había una mesa alargada que estaba llena de hojas y libros de texto. La cocina era pequeña, pero contaba con lo indispensable. Un fogón, una microondas, horno, fregadero y lavadora. El baño tenia un armario colgante grande junto a la ducha.
Y la habitación..., bueno, era azul y gris. La pintura azul de la pared se cortaba dando paso a una pintura gris oscuro. La parte de gris estaba forrada de posters de grupos heavy y góticos. Encima de la cama colgaban estrellas de cinco puntas y un montón de murciélagos. La funda de la cama era negra y la sabana gris con cruces negras.
La otra cama estaba vestida con una sabana blanca y un edredón celeste a conjunto con la pared. Debía de ser la mía. Las maletas estaban encima de la cama. Me acerque y abrí la más grande y comencé a colocar la ropa en el armario. Helen me miro sorprendida.
-¿Qué ocurre?- pregunte.
Helen se acerco y me abrazo. No me lo esperaba.
-No te vas a ir.- dijo ella. Por su voz supuse que estaba llorando.
-¿Por qué debería de irme?
Helen se separo y se seco las lagrimas con la manga derecha.
-Por... por que soy rara.- dijo ella. Debían de haberla dejado muchas veces sola.
-No, no me iré Helen. Te lo prometo... - coloque la mano en el pecho.- Juro por mi ropa que no me iré de esta habitación.
Helen se rió, tenia una risa preciosa. Me quito la camiseta que estaba doblando y la hecho encima de la maleta.
-Te voy a enseñar Londres.
Cogió mi chaqueta y me empujo a la calle.
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MensajeTema: Re: [Historia] Amanda. Vida en sangre.   Dom Mayo 25, 2008 7:19 pm

vaya si que escribes rapido O.o

ya te comentaré ^^
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MensajeTema: Re: [Historia] Amanda. Vida en sangre.   Dom Mayo 25, 2008 9:55 pm

Es que ya lo tenia escrito desde hace un tiempo jeje. Aqui estan los siguientes.

Capitulo 4: Angel o demonio.


Las calles de Londres estaban abarrotadas de gente que iba de un lado para otro con prisas. Helen caminaba señalándome los lugares más importantes y contándome su historia. No había cogido mi cámara y al ver todos aquellos perfectos planos me estaba poniendo nerviosa. Helen se paraba en cada escaparate y comentaba cada modelo que veía. Yo mientras me moría de frío con la chaqueta que me había traído. La niebla de Londres te calaba los huesos y mi chaqueta no era lo suficientemente gorda como para calentarme lo suficiente.

Helen me miro cuando empecé a tiritar.

-¿Tienes frío?- me pregunto. Helen llevaba un plumas grueso. Debía de estar muy bien allí dentro.

-Si, un poco.-dije como pude.

-Es que esa chaqueta es demasiado fina, sé un lugar donde hay unas chaquetas preciosas y muy buen precio.

Se acerco al paso de cebra y esperamos a que el semáforo se pusiera en verde. Llegamos hasta una calle larguísima que se abría en numerosos callejones a su paso. Estaba totalmente cubierta de tiendas de todo tipo, con ostentosos escaparates o más sencillos. Helen me llevo hasta una tienda en la que todos sus maniquís vestían distintos tipos de abrigos. Entramos.

La temperatura subió de golpe y me sentí mejor que afuera. Helen y yo nos pusimos a mirar algún abrigo que me gustara. Helen solo quería que me comprara uno negro, pero yo era mas colorida.

-Oh, por favor, Amanda. Pruébatelo. Seguro que te gusta cuando te lo pongas.

-No

-Por favor, por favor.- el móvil de Helen comenzó a gritar (de veras gritaba) una melodía totalmente heavy.- Uy, perdón. Te espero fuera, Amy.

Descolgó el teléfono y comenzó a hablar. La vi perderse por la puerta. Encontré un abrigo color borgoña, a botones negros y con un bolsillo oculto por dentro. Me gusto el estilo y me lo puse por encima. Era el único que había y era mi talla. Sonreí al ver la suerte que tenia. 50 libras, no eran muy caro. Me acerque a la dependienta y lo pague. Me lo puse antes de salir.

En la entrada Helen no estaba e intente divisarla entre el gentío. Nada. Pasee un poco por la calle buscándola, pero no la encontré. Quise llamarla, pero no-tenia su móvil. Volví a la tienda por si volvía y me senté en el escalón de esta. ¿Dónde se podía haber ido?¿No podía haber desaparecido así como así?¿Por qué me había dejado sola?. Pensé en volver pero no-tenia ni idea de donde estaba el piso. El frío me estaba congelando y tenia las piernas dormidas. Me levante, necesitaba moverme.

-¡¡Amy!!- grito alguien. Era Helen y parecía asustada.

Un chillido hizo que pegara un salto. La voz provenía de un callejón cercano a la tienda. Corrí hacia allí.

El callejón estaba totalmente oscuro. Entrecerré los ojos para intentar vislumbrar a Helen y su atacante, pero las sombras del callejón eran totalmente opacas. No se veía ningún movimiento y Helen no volvió a hablar. Espero, pero lo único que escuche fueron las voces de todos los transeúntes de la calle. Si gritaba, el atacante de Helen me descubriría, pero podía haber escapado ya con ella cuando grito mi nombre. Entonces tuve una idea. Di unos pasos y me acerque a las tinieblas. El anillo volvió a brillar como una linterna. Alumbre el callejón, pero era bastante largo y solo pude ver la parte más cercana. Me adentre mas en el viejo callejón. Todas las casa tenían las ventanas y puertas tapiadas, no vivía nadie. Un decampado se abría detrás de una pared de ladrillos medio derrumbada y llena de carteles de los años 90.

El callejón se estrechaba cada vez más. Decidí darme la vuelta, pero algo en el suelo hizo que me detuviera.

-¡Helen!, ¡Helen! Despierta, venga.- la moví bruscamente, pero no se despertó. Un pequeño reguero de sangre salía de su brazo izquierdo.

Me rasgue la manga de mi camiseta y le hice un torniquete improvisado. Helen tenia todo su dinero y sus joyas. ¿Para que la habrían atacado? La apoye, sentada, en la pared. Mi anillo se apago de golpe y oí un chapoteo a mi lado.

Todo paso muy rápido.

Alguien me cogió del cuello de mi chaqueta nueva y me elevo. Me golpeo contra la pared derruida del decampado y varios ladrillos cayeron a mi lado por el choque. El golpe me dio en la nuca y sote un chillido de dolor. No veía a mi atacante. Este me cogió del cuello y comenzó a apretar. Note como el oxígeno me faltaba e intente, vanamente, apartar su brazo con las mías. Saco un cuchillo y me lo acerco a mi brazo. La sangre comenzó a salir y me mancho la camiseta y la chaqueta. No aguantaría mas, el aire se me escapaba y comenzaba a ver todo más borroso. Las sombras de mi atacante parecían acercarse hacia mí. No podía gritar, y no podría defenderme. Aquel hombre era demasiado fuerte y su mano me congelaba la garganta. Estaba completamente helado.

Una luz me dejo cegada unos instantes y tuve que cerrar los ojos. Al volver abrirlos unos ojos de color borgoña me miraban con incredulidad. Aflojo su mano y yo comencé a jadear para que el aire volviera a llenar mis pulmones. Caí al suelo cuando él me soltó. Mi anillo brillaba mas que nunca dejando todo el callejón a mi vista. Estaba temblando y me acurruque en la pared.

Desde la otra punta, un joven de unos veinte años me miraba atónito. Tenia el pelo negro y despeinado, su piel tiznada de blanco y unos ojos rojos. No podía hablar, tenia la garganta reseca y estaba tiritando. El corte del brazo me escocia y lo apreté para cortar el flujo de sangre. Se acerco. Tenia el rostro descompuesto de sorpresa y... ¿temor?

-¿A... Ana?- su voz era dulce, pero estaba rota por el temor.

Negué con la cabeza y las lagrimas comenzaron a caer por mis mejillas. Escondí la cara tras mi pelo. Note como él respiraba y se tiraba al suelo. Nos mantuvimos así unos momentos muy largos. Le mire. Tenia la cabeza entre las rodillas y respiraba compasadamente. Me miro con sus ojos rojos. Aunque sabia que debería de temerle, me parecía la mirada más bella y no podía apartar la vista.

-¿De donde sacaste ese anillo?- su voz sonó amenazante y volví a temblar.

-Er... era de mi madre.-lo escondí tras de mí. Era lo único que me protegía de aquel chico.

-Damelo.-me ordeno. Extendió su blanca mano, pero no estaba dispuesta a dárselo. Negué con la cabeza de nuevo.

Sin saber como, el chico apareció a mi lado y agarro mi brazo. Tenia una fuerza sobrenatural, pero me quito el anillo con delicadeza. Sin soltarme el brazo, dio la vuelta al anillo y lo estudio.

-¿Quién eres?- la pregunta fue un susurro, debía de estar hablando con el mismo pero le respondí.

-Me llamo Amanda Jiménez Blanco.- el chico volvió a mirarme y me abrió la mano.

El anillo se deslizó por mi dedo y el joven estrecho mi mano. Mantuvo los ojos cerrados por espacio de unos minutos.

-Lo siento.- en sus ojos, una sombra de tristeza se hizo visible.

Me ayudo a levantarme y me sujeto en pie. Me escrutaba con sus ojos rojos y yo no-tenia suficiente fuerza de voluntad para dejar de mirarlo. Entonces me fije en su boca y vislumbre un pequeño hilo de sangre corriendo desde sus labios, hasta su barbilla. Me asuste y me separe de él todo lo que pude y me arrodille junto a Helen, que seguía inconsciente. Al girarme, él ya no estaba.
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MensajeTema: Re: [Historia] Amanda. Vida en sangre.   Lun Mayo 26, 2008 2:07 pm

Esta muy bien pero acentúa la ultima silaba (ej: cantó, dejó) ya que si no no se sabe si hablas de la otra chica o de la prota ya que se puede entender de las dos maneras.

Por lo demás está genial ^^


besos y animos para seguir con la history!!!
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MensajeTema: Re: [Historia] Amanda. Vida en sangre.   Lun Mayo 26, 2008 5:22 pm

por cierto besos de sangre de que autor/a es?? esque me ha picado la curiosidad!!


(helen se muere?? el que se encuentra con amanda en el callejón es nathan??)

esque voy atando cabos sueltos como me da la gana y la madre tiene una historia montada dentro de mi cabeza... xDD
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MensajeTema: Re: [Historia] Amanda. Vida en sangre.   Lun Mayo 26, 2008 7:13 pm

Besos de sangre esta actualmente en internet. Saldra este verano.
Todas esas preguntas se van a ir desvelando poco a poco. Ahora pondre un poco mas...........
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MensajeTema: Re: [Historia] Amanda. Vida en sangre.   Lun Mayo 26, 2008 7:17 pm

lor=white]
[size=12]=18][size=12]Capitulo 5: Alan.
[/size]
Los cuatro meses después del accidente pasaron volando ante mis ojos. Todas las noches me dormía pensando en sus ojos y en ese hilo de sangre recorriéndole la línea de la mandíbula. Pero a la vez, podía recordar la sombra de terror y dolor que se dibujo en sus ojos color borgoña. Eso sí, jamás me volví a poner el abrigo rojo.
Helen se recupero. No recordaba nada de lo que había ocurrido y yo no me atreví a contárselo. Las cicatrices de nuestros brazos se cerraron y ese ataque hizo que Helen y yo, nos uniéramos. Clara y Marcos me enviaban e-mail todos los días y mi abuela me llamaba todas las tardes para saber como iba. El único que no dio señales de existencia fue mi padre. Mejor, así no tendría que darle las gracias por venir.
Las vacaciones fueron monótonas y aburridas, ya que el collarín de Helen nos impedía ir a cualquier piscina o lugares con agua. Pero me mantuve junto a ella todo el tiempo. No podía concebir que alguien se bañara en Londres, con el frío que hacia en pleno verano.
Llego septiembre, y los pisos comenzaron a llenarse. Las noches tranquilas que Helen y yo habíamos pasados se vieron sustituidos por noches en vela por la música que nos atravesaba la cabeza. Los días se hicieron mas cortos aun y nos pasamos las noches estudiando y realizando trabajos de todo tipo. Había tenido suerte de estar con Helen, era muy inteligente y sabia las respuestas de cualquier pregunta. La gente no dejaba de mirarme. Desentonaba muchísimo entre todos aquellos estudiantes con la piel clara. Mi piel era oscura y mi pelo rizado estaba muy acostumbrado al mar, para alisarse como el de ellos.
Las chicas me miraban con aires de superioridad y los chicos... los chicos como siempre.
Se fueron sucediendo los días, demasiado lentos para mi gusto. No volví a pensar en aquel accidente en el callejón y mi abrigo rojo siguió guardado en el fondo del armario. Hasta que la segunda semana de Noviembre decidí, erróneamente, volver a salvarlo de la oscuridad del armario.

Helen estaba de los nervios esa semana. Se compro cuatro modelos distintos (totalmente negros) entre los que no se decidía. Se los probaba una y otra vez, con juntándolo con distintos colgantes y pendientes. Se recogía su pelo rojo o se lo dejaba suelto,... Todo para una maldita excursión.
La tarde de antes Helen abrió el armario y encontró mi abrigo.
-Vaya. Amy, ¿porque no te pones este?- me gire para mirar a Helen. Casi me da un sincope al ver a lo que se refería.
-Oh, no. Me queda fatal y además esta manchado de san... tomate.- corregí rápido.
-Tranquila, yo te lo limpio en un momento.- Helen se metió en el baño.
Salí corriendo detrás de ella, pero Helen siempre había sido más rápida. Tenia el pestillo echado del baño y me puse a aporrear la puerta.
-Helen, devuélvemelo. No me lo pienso poner por mucho que quieras.
Oí la risa cantarina de Helen ahogada por el ruido del grifo. Me senté en el sofá mirando hacia la puerta del baño. Después de unos cinco minutos Helen salió con mi abrigo limpio y seco sonriendo de oreja a oreja. Me gire y la di la espalda mirando la tele.
-Ahora pruébatelo.- Se coloco delante de la tele, impidiéndome ver. Me enfurruñe y me crucé de brazos.
Helen se encogió de hombros y comenzó a ponerme ella el abrigo.
-No Helen, para.- mi voz se vio ahogada por la risa.- Vale, para. Ya me lo pruebo.
Me levante y acabe de ponerme el maldito abrigo. Sabia que me quedaba perfecto, por lo que con una sonrisa de superioridad, Helen me obligo a ponérmelo al día siguiente.

Estaba de nuevo en el callejón, totalmente a oscuras y no podía gritar. Estaba sola. Mire hacia el suelo y tampoco estaba Helen. Me mantenida elevada por el cuello y sonreía dejando entrever sus dientes. Saco su cuchillo y corto de nuevo mi brazo. La herida volvió a abrirse mas profundamente y la sangre manaba de mi brazo. Intente librarme de su cepo con la mano de mi anillo, pero este no estaba en mi dedo. No podía hacer nada. Era mi fin y moriría abandonada en ese callejón hasta que algún vagabundo me encontrara sin sangre en las venas. Pude ver a mi abuela llorar sentada en una silla de hierro mientras me bajaban hacia el foso. Comencé a rogar en voz baja y él rió. Era una sonrisa sádica de satisfacción al verme tan temerosa. Acerco mi brazo herido a su boca y bebió mi sangre. Chille de dolor y seguí rogando. Me tiro al suelo y note como la sangre corría desde mi cabeza hasta el cuello. Se agacho junto a mi y me agarro del pelo, dejando a la vista mi cuello. Le vi relamerse y después note sus dientes en mi garganta. Fueron como mil agujas atravesándome a la vez. Grite con todas mis fuerzas, aunque nadie me oyó.


-¡Amy!¡Amy!. ¡Despierta!- algo me golpeo en la mejilla. Me levante sobresaltada.
Helen me miraba aterrada y me escocia un montón la mejilla. Me lleve la mano hacia ella y Helen bajo la cabeza.
-Lo siento. Cómo no te despertabas y parecías tan asustada, era lo único que se me ocurrió.- Helen se tumbo a mi lado y me miro con sus inquisitivos ojos verdes.- ¿Qué te ha pasado?
Recordé el sueño. Sus ojos rojos, sus dientes y su cuchillo afilado. Mi sangre manchándome el pelo y el cuello y las agujas clavadas en mi cuello. Me estremecí.
-No, no lo recuerdo.
Helen siguió observándome. No se lo había creído. Se encogió de hombros y se metió en su cama, antes de dormirse me miro.
-Si quieres contármelo, aquí estaré.- apago la luz.

Gaste lo que me quedaba de maquillaje, intentando que desaparecieran las malditas ojeras. Después de la pesadilla no había podio pegar ojo y me había mantenido en vela recordando sus ojos y dientes.
Helen no quería decirle donde iban a ir, nadie lo sabia excepto ella. Según ella era mejor mantener la incertidumbre, sino no fuera la hija del decano ni ella lo sabría.
La universidad estaba a rebosar de gente que se agolpaba en la puerta. Helen me había contado que eran una especie de practicas para los que estudiábamos medicina y biología.
-Te ve ha encantar, yo he estado allí tres veces con esta.- dijo mientras caminaba, casi saltando, hacia Noria. Una chica alta y bastante delgadita. Nos saludo con la mano desde lejos.
-Pues para haber estado tantas veces estas de los nervios.- le dije. Llegamos al lado de Noria.
-¿Es que no lo sabes?- me pregunto Noria. Negué con la cabeza- Helen esta enamoradita perdida de uno de los científicos. ¿A que sí, Helen?- Helen se puso notablemente roja.
-No sé de quien me hablas.
Noria me guiño un ojo y sonrió. ¿Por eso, Helen, estaba tan pesada esos últimos días? Quería ponerse guapa para su científico. Al menos tenia algo para meterme con ella.
El decano Darwing salió de la universidad y comenzó a llamar a todos los estudiantes de biología. Cuando hubo terminado llamo a los de medicina. Helen, Noria y yo nos pusimos en la fila. El autocar era de dos plantas y nos subimos al segundo piso. Helen se sentó junto a la ventanilla dando saltos en el asiento de los nervios. Noria se sentó junto a nosotras con otra alumna llamada Rachel.
-Tranquilízate, Helen. A este paso vas a llegar al techo de los saltos que pegas.
Helen se cruzo de brazos. Note como le temblaban las manos que las mantenía cerradas en puños.
-Estoy tranquila.
La mire con sorna y ella me sacó la lengua. Me encogí de hombros.
-Bueno tu misma. Si te da un infarto yo no quiero saber nada.

Desde lejos se podía ver el laboratorio. Era un edificio bajo pero alargado. Tenia multitud de casetas metálicas a su alrededor y un amplio descampado. En el descampado había una barraquilla, también metálica, en el que unas cinco personas observaban algo. Era impresionante. En el tejado, de catorce chimeneas, salía un humo totalmente negro. Las personas, ataviadas con capas blancas, caminaban de un lado a otro a toda prisa.
El autocar se paro frente a la puerta principal, donde un grupo de personas se acercaron a saludar al decano. Helen soltó un chillido.
-Mira, Amy. Es él.
-¿Quién?- no podía ver la cara de ninguno de los científicos.
-Ese, el único que no lleva la capucha.- Helen me lo señaló con el dedo. Estaba pegada al cristal intentando atravesarlo.
El decano volvió a subir al autocar para avisar a los alumnos y pudo verlo. Era un chico de unos veinticuatro o veintiséis años. Era muy pálido y casi se confundía con la bata que llevaba, pero era muy guapo. O más bien, era perfecto. Llevaba el pelo castaño claro despeinado, aunque no era un despeinado natural. Sus labios eran finos y tenia la nariz un poco aguileña, pero que en su rostro quedaba totalmente perfecto. Sus ojos eran de un color dorado claro, como el color del caramelo. Me recordaron a alguien, pero en ese momento no podía adivinar a quien.
Helen seguía pegada al cristal observándolo con una mirada soñadora. Le di un pequeño empujón, que la hizo salir de su ensoñación y caer de nuevo a su asiento. Noria rió detrás de nosotras.
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MensajeTema: Re: [Historia] Amanda. Vida en sangre.   Lun Mayo 26, 2008 7:22 pm

El anterior capitulo no acababa ay aki os dejo el final. Smile



Capitulo 5: Alan

-Venga Helen. Vamos abajo, así le podrás ver mejor.

Noria y yo salimos del autobús, mientras que Helen—que seguía dormida e su asiento—se dio cuenta y salió corriendo detrás de nosotras.

Nos quedamos las ultimas del grupo, cosa que desquicio a Helen, y no escuchamos mucho a la guía. Miramos el laboratorio. Era gigantesco. Tenia numerosas salas de investigación donde trabajaban mas de cien científicos de todos los países. Tenían una de las maquinarias más importantes del mundo, donada específicamente para el descubrimiento de alguna cura para el cáncer, deformaciones, etc.

-Hemos hecho muchos avances en el campo de las enfermedades degenerativas de la piel.- decía la guía. Era una chica llamada Natalia de pelo negro y rizado.- Muchos de estos avances están en proceso de prueba y aun no ha salido al mercado. Para que puedan salir debemos hacer pruebas, primero, a animales como ratones de laboratorio, y más tarde, cuando den resultado, las haremos en personas. Esta es la sala de pruebas.- Natalia señalo a una sala en la que había un bloque lleno de jaulas. En las jaulas había multitud de ratones que saltaban, comían, dormían,... - Nuestro doctor Fanecilli, uno se los mejores de Francia, se ocupa del estudio de los efectos secundarios que puedan tener nuestros productos. Es muy importante este trabajo, hay que estar muy atento a los animales, ya que los efectos se pueden dar simultáneamente a la toma o puede tardar varios días y semanas. Bueno, antes de que sigáis con la visita, ¿alguien tiene alguna pregunta?

Un chico bastante masoquista levantó la mano.

-¿Cuál es el efecto secundario más raro que han sufrido los animales?

Natalia se quedo pensando unos instantes.

-Bueno, la verdad es que casi todos los efectos secundarios han sido ataques al corazón o hiperactividad, que han acabado con la vida de las ratas. Pero hubo una prueba que volvió a al rata porfiaría.

-¿Bebía sangre?- pregunto una chica asustadiza.

Natalia asintió.

-Cada rata tiene una compañera en cada jaula a la que se le inyecta la misma toma, por si en la compañera no se obtenían resultados. El doctor Fanecilli solo día la toma a una de las ratas que se comporto de una forma natural durante tres días. Al cuarto día, cuando el doctor fue a observar los progresos, la compañera estaba totalmente desangrada. La rata a la que habían suministrado la toma tenia toda la boca llena de sangre. Al realizar la prueba de ADN, la sangre era de la segunda rata.

Un escalofrío me recorrió la espalda al recordar un hilo de sangre corriendo por su barbilla. Me maree y Helen me sujeto.

-Eh, Amy, ¿te encuentras bien?- me susurro.

No-tenia fuerzas para responderla, por lo que asentí con la cabeza. El grupo comenzó a caminar e intente mantenerme en pie. Las piernas me fallaron y volví a caer.

Esta vez no fue Helen quien me sujetó. Al girarme vi unos centelleantes ojos dorados. Me cogió en brazos y me sentó en un banco de piedra.

-¿Te encuentras bien?- me pregunto sonriendo. Tenia una voz tan dulce como el correr del agua por un río.

Me quede embelesada mirando sus ojos color miel unos instantes. Asentí poco a poco. Él me tomó el pulso sujetándome de la muñeca. Estaba helado, ese roce hizo que recordare el frío brazo de mi atacante. Me estremecí y él se apartó. Entonces, cuando aparte la mirada de sus ojos, pude recordar todo con claridad. Pude ver a Helen hipnotizada ante él y a Noria sujetándola del brazo.

-No es nada, solo ha sido una bajada de presión. Te sentó mal saber lo de la rata-vampiro.- se rió, pero en sus ojos vi una sombra extraña.- Me llamo Alan.

-Encantada yo soy Helen y mis amigas son Noria y Amanda.- se adelanto. Alan nos miro una por una mientras Helen nos presentaba.

-Encantado.- bajo la cabeza como en una especie de reverencia pasada de moda.- Venid y os llevare con el grupo.

Comenzó a andar por el largo pasillo y Noria y Helen le siguieron a gusto. Me mantuve durante un tiempo sentada en el banco de piedra y mire hacia las ratas. Una de ellas me miraba. Se giró y se lanzo a por su amiga. Di un chillido y salí corriendo con Helen y los demás.

Alan y Helen charlaban animadamente sobre algo irrelevante. Me coloque al lado de Noria sin decir una palabra.

Atravesamos un gran pasillo blanco y llegamos con el grupo. El decano Darwing nos vio y se acerco a nosotros.

-¿Qué ha pasado, Helen?- miraba a Helen de manera reprobatoria, esta se sintió humillada.

-Disculpe, señor Darwing. He sido yo quien las ha entretenido.- respondió Alan.- Amanda tuvo un pequeño mareo y les pedí que se quedaran.

El decano observó a Alan de arriba abajo.

-Bueno, lleváis todo el rato detrás, quiero que vengáis adelante. Vamos.- el decano Darwing nos apremio con la mano.

-Lo siento, señor. Pero me gustaría que Amanda se quedara aquí. Por si acaso le da otro mareo.

Me quede patidifusa al escuchar a Alan. Helen y Noria me miraban con la boca abierta y el decano no sabia que decir.

-S-si claro. Te puedes quedar aquí Amanda.- respondió Darwing. Después comenzó andar hacia delante, seguido de Helen y Noria.

Vi como se alejaban y desaparecían entre la gente. Me encontraba bien y no era necesario quedarme junto al doctor. El grupo comenzó a moverse de nuevo.

-Alan.-dije al final. Fue casi un susurro, pero el se giro al escucharlo.- Yo me encuentro bien. Creo que puedo volver con mis amigas.- no supe de donde había sacado las fuerzas hasta que acabe de decirlo. Notaba como me miraba con sus dorados ojos.

- La verdad, es que quería hablar contigo.

Eso si que me sorprendió. Me gire para mirarle, y esperando ver una sonrisa de burla, pero estaba totalmente serio apoyado en la pared. Yo también me pare.

-¿N-no deberíamos s-seguir al grupo?- pregunte.

-¿Cómo has dicho que te llamabas?

-Amanda.

-¿Amanda-que mas?

-Amanda Jiménez Blanco.- respondí sin pensar. Otro escalofrío recorrió mi espalda y como un auto reflejo escondí mi anillo detrás de mi espalda. Note como seguía la trayectoria de mi mano, pero no dijo nada.

Comenzó a andar y me hizo un gesto para que le siguiera. Nos desviamos por un pasillo paralelo al que había ido el grupo.

-¿Eres Española?

-Sí

Alan asintió, como si lo que le hubiera dicho, afirmara su presentimiento.

-Pero,... ¿por qué me preguntas eso?- no podía aguantarlo más. Desde que había llegado ha Londres me habían pasado las cosas mas extrañas. Alan no podría responderme todas las cuestiones que me atormentaban, pero quería ver un poco de luz a través de ese tupido velo con el que me habían tapado.

Alan parecía contrariado ante mi pregunta. No respondió y continuo caminando. No quería seguir con ese maldito interrogatorio, por lo que me di media vuelta y camine por el pasillo paralelo.

Había visto al grupo entrar por él, pero no estaban. Continué andando por los distintos pasillos de ese maldito laberinto blanco. Cada pasillo se abría de nuevo en cuatro. Me metía en cualquiera sin mirar ningún cartel o señalización. Tampoco me encontré con nadie al que preguntar.

Mire mi reloj. Eran las tres de la tarde y la excursión terminaba a las tres y media. Comencé a preocuparme de verdad y ande sin rumbo intentando encontrar alguna voz o sonido conocido.

Camine y camine, esta vez hiperventilando. No encontraba a nadie y cada vez estaba más nerviosa. Nunca me había gustado perderme. Quedarse sola ante cualquier problema sin saber a donde dirigirse, desprotegida ante cualquier situación de peligro. Lo único que se me ocurrió fue gritar. Grite el nombre del decano, de Helen, de Noria y por ultimo el de Alan. Apareció a mi lado. Ni me asuste.

-¿Estas bien?- pregunto.

Asentí, me sentía protegida y contenta de que él estuviera allí. No debería haberme ido corriendo sola.

-No quería que te molestases por mis preguntas. Es solo que me pareció conocerte.

-Eso es imposible, nunca he estado en Inglaterra. Además, herrar es humano.- sonreí, pero pareció que a él, aquella observación no le hizo mucha gracia. Entonces recordé una cosa.- ¿Quizás conozcas a mi madre?- no como la va a conocer. Es demasiado joven. Alan me miro.

- ¿Quién es tu madre?

-Era. Murió.- Alan quiso disculparse pero no le di tiempo.- No pasa nada. Ya hace mucho tiempo de eso.- me encogí de hombros. Alan se mantuve expectante.- La verdad es que llevaba un tiempo bastante enferma y no comía, ni salía, ni hablaba. Solo se encerraba en su despacho y tocaba el piano.- note como las lagrimas corrían por mi mejilla.- La oía tocarlo desde mi habitación, pero no sabia que podía hacer para ayudarla. Lo escuchaba todas las noches. Llego un momento que solo podía dormirme con su canción. Una noche, cuando estaba apunto de dormirme, oí como abrían la puerta de mi habitación. Mi madre se acerco y se tumbo conmigo en la cama. Me abrazo y yo me acurruque junto a ella.- comencé a sollozar, pero conseguí acabar de contar la historia.- Al día siguiente, mi madre seguía como la noche anterior. No se movía. No respiraba. Estaba muerta.

Yo tenia entonces ocho años. Al día siguiente la enterraron. ¿Sabes? Ese día, fue el único que me pareció que era feliz.- comencé a tener frío. Me di cuenta que Alan me tenia abrazada, pegada a él. No dijimos nada hasta que Alan pregunto.

-¿Cómo se llamaba?

-Ana

Note como se ponía rígido. Le mire a al cara, aunque no debía hacerlo. Su rostro era una mascara total de dolor.

-Debemos irnos.- dijo después de un largo rato.- Deben de estar preocupados por ti.- intento sonreír, pero solo se dibujo en su rostro una mueca de tristeza.

Asentí y nos levantamos. Alan siguió abrazándome hasta que pudimos divisar el autocar. Me separo de él suavemente y se acerco a Darwing. Mientras yo subí al autocar sin despedirme. Todo el mundo me miraba, pero yo hice caso omiso y me senté junto a Helen.

-¿Qué te ha pasado?- me pregunto preocupada.-Nada
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Nika Hawes
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MensajeTema: Re: [Historia] Amanda. Vida en sangre.   Lun Mayo 26, 2008 9:38 pm

muy bonito pero no se que pinta alan allí... hm... Suspect
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MensajeTema: Re: [Historia] Amanda. Vida en sangre.   Sáb Jul 26, 2008 1:22 am

Dios mío, es realmente hermosa. Escribes muy pero que muy bien. Ya estoy impaciente por leer más y más. Me matas Smile
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MensajeTema: Re: [Historia] Amanda. Vida en sangre.   

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[Historia] Amanda. Vida en sangre.
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